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La vida de los muertos

Publicado el 2/02/07 en Cuentos

Los muertos son tan favorecidos. Tomemos a mi tío Alberto por ejemplo. Como el teatro nunca trascendió mucho en este país de arrieros y deportistas, la fama y el reconocimiento le llegaron tarde. Sobre el ocaso de su vida y carrera, actuó como un padre estricto pero (uno adivina con el correr de los capitulos) bondadoso y de buen corazón, en una consagrada novela de televisión, “La Gata Malvada”. La parte central de la novela era, por supuesto, la gata, terriblemente atractiva e hija del personaje de tio Alberto que, tras haber sufrido no pocas decepciones amorosas, resolvió vengarse de todos los hombres del mundo siendo decididamente malvada. Conquistaba codiciables galanes para luego abandonarlos, para cambiarlos por otros, para hacerlos pelear y sufrir por ella, pobre gata herida. Era una Juana de Arco moderna para las televidentes, que la veían saboreando cada capítulo, haciendo suya cada venganza, mientras planchaban la ropa.

El caso es que, justo en la cumbre de la popularidad de la novela y, especialmente, dos días después de un capítulo absolutamente inolvidable (donde el padre de la Gata, o sea, el personaje de tío Alberto, finalmente se revela como un padre cariñoso y comprensivo), al tío se le ocurre almorzar chicharó trenzado en uno de los descansos. Algunas enfermedades, como los actores, también se ponen de moda por temporadas; fue justamente la temible peste del chancho la que sentenció su destino. El padre bondadoso, el salvador de la gata, mi tío Alberto, estaba realmente muerto. Y entonces sucedió. Fue tapa de todos los periodicos, tema principal en todas las radios, y motivo de dolor para desconocidos. Hasta el arzobispo Palacios, que veía religiosamente la telenovela todos los días a las ocho, se pasó un buen rato hablando en el noticiario sobre los maravillosos valores que Alberto transmitió a través de su personaje a los televidentes, al pais -y por qué no, dijo el arzobispo- al mundo entero.

Antes de su muerte nunca habían hecho un reportaje sobre Alberto, nunca destacaron sus actuaciones, apenas si figuraba en el elenco; una vida y una carrera opaca, mediocre, triste. Pero ahora recordaban su trayectoria, estudiaban su legado, honraban su memoria. Ponerse de moda y morir víctima del chicharó trenzado resulto ser la formula para su consagración. Creo que, el tio, de haberlo sabido, se moría antes.



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