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La maquinaria del amor

Publicado el 19/10/06 en Cuentos

Todo el mundo sabe que el amor es un dispositivo eléctrico fabricado en Taiwán. Una mano mecánica va uniendo alegremente sus piezas, bailando la música electrónica de sus movimientos. Lo que seguramente pocos saben es su correcta forma de uso, porque el manual viene en mandarín.

El primer paso para hacerlo funcionar es conectarlo, que implica necesariamente juntar el enchufe macho con el receptor hembra. Otras variaciones –a saber: macho con macho, hembra con hembra– no encenderán correctamente el dispositivo.

Su ansiedad por hacerlo funcionar podría echar a perder la alegría de verlo encenderse de a poquito. Por eso, consígase una cómoda butaca y siéntese frente a él. Vea como lentamente vanse calentando sus engranajes. Palpe el dispositivo con sus dedos, sienta su evolución. Es mágico.

Habrá notado los prominentes botones del frente. Son sus velocidades. Como la caja de cambios de un automóvil, sentirá el momento justo de usarlos, de hacer avanzar el dispositivo en su movimiento. El motor del amor lo invitará a presionar suavemente el primer botón, luego el segundo y el tercero, su dedo en el amor y el amor en su dedo hasta que usted y él sean una misma carne y una misma piel fundiéndose en uno porque dos son más que uno. Y cuando sepa esto, cuando dos sean uno, olvidará la ansiedad y sabrá que ha llegado adonde siempre deseó, y que no hay nada más que anhelar allá afuera, sólo esto, estar acá vos y yo mi amor, juntos, y amarnos siempre.

Evite desconectar abruptamente el dispositivo. No querrá dejarlo sin energía en pleno funcionamiento, sólo logrará quemarlo. No se acostumbre demasiado a su alegre movimiento hasta darlo por sentado. No pierda la maravilla de asombrarse, de mirarlo fijamente y ser feliz, simplemente ser feliz de tenerlo ahí bien cerca. No olvide cuanto le costó obtenerlo. Los contenedores tienen un largo viaje desde Taiwán; vaya uno a saber cuando llegará otro amor.



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