NahumDam.com es mi blog personal, con poesias, cuentos y textos de mi autoria. Las fotos que acompañan son de RoberDam.com.

El Fin del Pulpo

Publicado el 9/07/10 en Microcuentos

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El partido se canceló, tuvieron que reembolsar las entradas, cambiar la programación en todos los canales de television del mundo, el de Sudáfrica fué el primer Mundial de fútbol sin una final. Y es que, ante la predicción del Pulpo Paul sobre la victoria española, los jugadores holandeses abandonaron la practica y tomaron indignados el vuelo a casa. “Una vez mas dejamos pasar la oportunidad de campeonar, no pudimos con España”, sostuvieron.

Las primeras predicciones del Pulpo ante la prensa habían sido tomadas como una divertida curiosidad pasajera, pero ahora su impecable racha de aciertos, que antes entusiasmaba a los fanáticos, empezó a afectar profundamente el deporte. Pronto otros equipos siguieron el ejemplo holandés perdiendo la motivación de jugar, los hinchas dejaron de asistir a las canchas y se acabaron los programas televisivos. “El Pulpo de mierda me dejó sin trabajo”, aseguraba un periodista.

En cierta forma el Pulpo simplificó el fútbol. En toda competencia importante se hacía el fixture, el sorteo de los grupos, los emparejamientos, y el Pulpo iba “jugando” los partidos, adivinando los ganadores uno a uno, hasta llegar a la gran final. Para el mundial de Brasil 2014 ya no contrataron técnicos ni llamaron jugadores, la emoción del fútbol quedó enteramente en las manos (tentáculos) de Paul. A los pocos minutos de “juego” por poco se desató la samba cuando Paul se acerco a la bandera verdeamarela, pero haciendo entonces una sorprendente gambeta, se volvió hacia la bandera italiana para finalmente abrazarla y comerse el mejillón del fondo.

Los administradores del acuario de Oberhausen insisten en que la posterior muerte de Paul nada tuvo que ver con el deporte, pero la bandera brasileña atorada en su esófago nos hace sospechar lo contrario. Sea como fuere, ni a la prensa ni a la gente le importó mucho, en el mundo se anunciaba una sola noticia: ¡Volvió el Fútbol!



En el acuario

Publicado el 27/08/09 en Microcuentos

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Se conocieron en el acuario. Ella, despistada, no encontraba la salida; él, olvidadizo, recorría los pasillos como buscando algo, ya olvidaba qué. Tenía unos ojos profundos, el instinto de una tigresa y una sonrisa tan hermosa como desafiante. Se movía con gracia, sin por eso presumir, era especial. Él miraba disimulado, la cortejaba en su imaginación, pasaba por enfrente indiferente, esperando el momento justo.

El encuentro fue inevitable, se amaron sin pudor. Estaban sólos en la pecera.



La Ciudad del Silencio

Publicado el 26/08/09 en Microcuentos

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Era el medio del desierto y el seno del silencio. No se sabe cómo o cuándo habían perdido el habla, pero sus visitantes aseguran que el pueblo no expresaba palabra alguna, en sus calles se escuchaba sólo la seca brisa sobre la arena. No habían carteles, ni señales, mercados ni guerreros. Cabizbajos, austeros, sus habitantes caminaban a paso lento; bajo el sol hacian sólo lo necesario, hasta encerrarse de nuevo en sus cuevas. Y entonces, escribían. Interminable, apasionadamente, escribían largas cartas que luego escondían cuidadosamente en la antigua represa, para ser abiertas sólo en la posteridad. Todo lo que sentían, sus triunfos y miedos, amores y penas, lo que nunca habían podido decirse y aprisionaban en sus corazones, todo estaba escrito allí, sin compartirlo jamás.

Cuando los conquistadores irrumpieron en la ciudad, no dejaron nada a su paso, salvo la vieja represa. El viento y la arena se encargarían del resto: dos mil años después, aún vuelan cartas de amor por el desierto.



Apuro

Publicado el 12/12/08 en Microcuentos

Nos agotamos el uno al otro. Como páginas de un libro, ojeamos el índice, nos leimos apasionadamente en la introducción, y apenas atrapados en la trama, saltamos culpablemente al final. Qué más podía quedar, sino encontrarnos en los párrafos intermedios y abrazarnos en los márgenes, contentarnos con las pequeñas victorias de las frases ingeniosas o los días impares hasta que el polvo ocultara nuestra prisa.

Tristes, aburridos, guardamos el libro y dejamos una nota en la repisa: la novela no se gana, se conquista.



Distancia

Publicado el 20/01/08 en Prosa Poética

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La distancia es hacer residencia en el recuerdo y una cita en el mañana. Sintiendo sin palparse, siempre tocando sin verse, es el ejercicio de la imaginación al servicio de un amor: o de su memoria.

A la distancia, las letras se hacen manos y pies y besos y abrazos, las palabras son el cuerpo que te envuelve en las noches, que te despierta en las mañanas, donde un te quiero es un te amo, y un te amo ya no alcanza. Siempre caminando sobre el agua, es la absoluta necesidad de cultivar el beneficio de la duda, de sacar el pecho y tragarse el alma; lo pequeño se hace grande y lo grande se hace carretera: hacia el reencuentro o el olvido.

Por ahí una canción que silva mi esperanza: la de recordar que se olvida… y olvidar que se recuerda.



El León y la Selva

Publicado el 18/08/07 en Microcuentos

En la selva existió una vez un León genuinamente interesado en el bienestar de todos los demás animales. Tal era su afecto y respeto por ellos, que de muy joven aprendió a alimentarse exclusivamente de hojas y frutos del campo, y trás una seria reflexión apenas entrada su juventud, decidió dedicar su vida a enseñar a otros leones a respetar a los demás animales, y a ser fieles, honestos y cariñosos con sus parejas leonas.

Dada la profundidad de su mensaje y la fascinante capacidad oratoria del León, sus enseñanzas tuvieron tal efecto que el Gran Consejo de Leones acabó decidiendo, en forma unánime, establecerlas como ley absoluta entre los leones de la selva.

Ante esta sorprendente noticia, las oprimidas leonas y todos los animales del campo realizaron una gran fiesta, y con gran entusiasmo, entregaron al León el Premio Nobel de la Selva. No pasarían más de tres semanas hasta que las leonas abandonaran cruelmente a sus leones, ni otras dos más para que el resto de los animales del campo aprovecharan el dolor de los leones de la selva para devorarlos a todos.



El Viñador

Publicado el 18/08/07 en Microcuentos

Dedicado a mis padres

En la bodega de los sueños, a veces pasaba que el celador se quedaba aparentemente dormido. Como los peones habían trabajado el año todo en el viñedo, se sentían abrumados por la ansiedad de aprovechar este descuido y probar el fruto de sus manos. Así es como, año tras año, la gran mayoría de los peones se escurrían en la bodega para embriagarse con la más reciente cosecha, por lo que eran expulsados por el viñador de viñadores para siempre.

Consternados por la radical actitud del viñador y su minuciosa generosidad durante el año, no eran pocas las veces en que algunos capataces amotinaban a sus peones para saquear la bodega justificándose en la avaricia del viñador, por lo que también estos eran expulsados.

De esta forma, el tiempo fue depurando a los trabajadores del viñedo, hasta que sólo quedaron los más fieles siervos. Una noche, el celador fue ordenado congregar a todos los trabajadores frente a la bodega. Cuando el viñador de viñadores se presentó ante sus más fieles siervos, finalmente abrió la bodega, y con el más infinito amor del mundo, entregó a cada uno los más dulces sueños que había añejado especialmente para ellos.



El amor de los hombres

Publicado el 17/08/07 en Microcuentos

Los científicos amaban la luz. La veneraban por su misteriosa capacidad de transportarse tanto en forma de onda como de partícula, disfrutaban las virtudes de sus espectros, estudiaban noche y día las propiedades de su frecuencia y longitud, pero por sobre todo, los científicos proclamaban su amor eterno a la luz por su inigualable velocidad. “Nada se compara con la velocidad de la luz”, decían enamorados.

El año en que los científicos finalmente descifraron los misterios de la luz y superaron su velocidad, ocurrió algo singular: olvidaron instantáneamente su amor por la luz y la abandonaron para siempre. Entonces, comenzaron a amar profundamente a los misteriosos agujeros negros, y la luz se quedó muy triste y desilusionada.



Libro de Leandro

Publicado el 16/08/07 en Microcuentos

«Toma tiempo, nomás déjelo ser», le habían prometido. Todos los días, Leandro lo regaba pacientemente, dejando a sus lágrimas fluir entre las hojas. Con cada nueva aventura, las hojas se hacían muchas y más llenas de savia, el lomo se hacía fuerte, la tapa iba cogiendo su forma definitiva y la trama ganaba sentido.

El día en que Leandro murió, la promesa se cumplió: su libro de vida estaba listo.



Causa de Mortalidad

Publicado el 14/08/07 en Microcuentos

El hombre más anciano del mundo, un paraguayo, falleció ayer a sus ciento doce años en su humilde vivienda de Ypacaraí. Nacido en 1895, don Saturnino Cabañas sobrevivió la Primera Guerra Mundial durante su estadía de estudios en París, la Segunda Guerra Mundial mientras trabajaba en Alemania, y a su vuelta, la represión del dictador Alfredo Stroessner. La policia confirmó que los asesinos del anciano se llevaron un viejo televisor.



Origami

Publicado el 14/05/07 en Cuentos

Origami

* Primer Premio - Concurso Manzana Joven 2007

Dicen que su pasión por el arte era tal, que el principe Akira dedicó su vida y fortuna a cristalizar su sueño. Apenas heredado el reino, encomendó a sus mejores arquitectos desmantelar la ciudad y reconstruirla en Origami.

El pueblo murmuró la locura del nuevo rey, los arquitectos esgrimieron sólidos argumentos contra del proyecto, y el consejo de ancianos apresuró sus más sabias opiniones. Pero Akira tenía tal convicción, que nadie pudo hacerlo renunciar y convencerlo de su error. Casas de ladrillo y piedra fueron demolidas para dar paso a las nuevas construcciones; grandes extensiones de papel fueron dobladas hasta formar los cimientos, las vigas, las paredes y las puertas que serían colocadas minuciosamente en su reemplazo. Ejércitos de niños se encargarían de pintar las fachadas con crayolas, mientras los adultos iban reubicando muebles y pertenencias, hasta instalarse en sus nuevas casas de papel. Luego de tres largos meses de trabajo en plena sequía, la ciudad estaba lista.

Cuando la primera tormenta barrió la ciudad por completo, Akira finalmente comprendió su error. Reunió a sus arquitectos, y esta vez, mandó reconstruir también el cielo en Origami.



La vida de los muertos

Publicado el 2/02/07 en Cuentos

Los muertos son tan favorecidos. Tomemos a mi tío Alberto por ejemplo. Como el teatro nunca trascendió mucho en este país de arrieros y deportistas, la fama y el reconocimiento le llegaron tarde. Sobre el ocaso de su vida y carrera, actuó como un padre estricto pero (uno adivina con el correr de los capitulos) bondadoso y de buen corazón, en una consagrada novela de televisión, “La Gata Malvada”. La parte central de la novela era, por supuesto, la gata, terriblemente atractiva e hija del personaje de tio Alberto que, tras haber sufrido no pocas decepciones amorosas, resolvió vengarse de todos los hombres del mundo siendo decididamente malvada. Conquistaba codiciables galanes para luego abandonarlos, para cambiarlos por otros, para hacerlos pelear y sufrir por ella, pobre gata herida. Era una Juana de Arco moderna para las televidentes, que la veían saboreando cada capítulo, haciendo suya cada venganza, mientras planchaban la ropa.

El caso es que, justo en la cumbre de la popularidad de la novela y, especialmente, dos días después de un capítulo absolutamente inolvidable (donde el padre de la Gata, o sea, el personaje de tío Alberto, finalmente se revela como un padre cariñoso y comprensivo), al tío se le ocurre almorzar chicharó trenzado en uno de los descansos. Algunas enfermedades, como los actores, también se ponen de moda por temporadas; fue justamente la temible peste del chancho la que sentenció su destino. El padre bondadoso, el salvador de la gata, mi tío Alberto, estaba realmente muerto. Y entonces sucedió. Fue tapa de todos los periodicos, tema principal en todas las radios, y motivo de dolor para desconocidos. Hasta el arzobispo Palacios, que veía religiosamente la telenovela todos los días a las ocho, se pasó un buen rato hablando en el noticiario sobre los maravillosos valores que Alberto transmitió a través de su personaje a los televidentes, al pais -y por qué no, dijo el arzobispo- al mundo entero.

Antes de su muerte nunca habían hecho un reportaje sobre Alberto, nunca destacaron sus actuaciones, apenas si figuraba en el elenco; una vida y una carrera opaca, mediocre, triste. Pero ahora recordaban su trayectoria, estudiaban su legado, honraban su memoria. Ponerse de moda y morir víctima del chicharó trenzado resulto ser la formula para su consagración. Creo que, el tio, de haberlo sabido, se moría antes.



Reporte infinito

Publicado el 12/12/06 en Microcuentos

Los físicos aseguran, en su teorema sobre el infinito, que un mono apretando teclas al azar durante una infinita cantidad de tiempo acabaría escribiendo, eventualmente, todos los textos posibles del mundo. El Decamerón, las obras completas de Shakespeare y la Biblia serían reescritas palabra por palabra, suponiendo un tiempo infinito, por el primate. Entretanto, las últimas noticias desde Moscú nos refieren que la justicia local está decidida a preparar un reporte que espera abarcar todos los crimenes de la era comunista. El reporte lo escribirá, necesariamente, un mono.



Grande en lo pequeño

Publicado el 23/11/06 en Cuentos

“Voy a abrir mi propia peluquería” me dijo. Su voz delicada, los flecos y todos esos anillos me habían sugerido no conversar antes con Marti, mi peluquero. Pero cierto día se me ocurrió seguirle la conversación y me encontré con uno de esos hombres que son grandes en lo pequeño.

Quería poner la peluquería en el salón bajo su departamento. Era su sueño y venía juntando el dinero hacía mucho, le faltaban apenas cinco millones. Viajaba a todos lados en micro o con los amigos. “Iba a comprarme un auto, pero me lo guardé para invertir en los muebles”. Lo tenía todo planeado, eran sólo tres meses más de ahorro.

Pensaba en todo eso al visitarlo. Estaba inmóvil. Tres noches atrás, Marti y sus amigos habían terminado contra la cuneta, a ciento cuarenta. “Parece más lacio tu cabello, campeón. Vas a hacerme más fácil el trabajo así”, me dijo animado. Pero sus manos no podrían volver a sentirlo.



El Borrador del Pasado

Publicado el 17/11/06 en Cuentos

Fue un día de fiesta cuando el mercader llegó al pueblo. Con el grito de «¡Borradores! ¡llévese su borrador del pasado!» ofrecía el más moderno invento de Occidente. Primero la radio, después la cinta scotch y ahora esto; los gringos siempre nos sorprenden.

La primera en usarlo fue doña Celia. Tanto le insistía el almacenero con el pago, que se le ocurrió borrar los momentos en que pidió fiado. Ahora está sin deudas y, para su sorpresa, tiene diez kilos menos.

A Ruiz lo ponía de malas el perro del vecino, ese que ladra y ladra. Canjeó una yunta de bueyes por el borrador y ahora resulta que el vecino siempre tuvo de mascota a un canario.

Ya el caso de don Genaro fue más agudo. Desde que se compró el borrador, no salió de la casa. Dijo haber cometido demasiados errores. Se pasaba el día recordando y borrando, recordando y borrando. «¡Tanto por recordar!» le dijo a su nieto, poco antes de verlo desvanecerse.

Por días se mantuvo la alegría en el pueblo. La gente borraba y borraba el pasado, hasta quedarse libre de situaciones amargas y sus consecuencias. Pero así como el perro molestaba a don Ruiz, al herrero le molestaba el propio Ruiz, con lo que este también desapareció. Fue como que nunca existió. Eventualmente, alguien se encargaría de borrar igualmente a don Genaro, al herrero, a doña Celia, y por supuesto, al canario.

En menos de una semana, el pueblo quedó despoblado y vacío. Restó solamente el mercader, a salvo en su casa. Y es que su esposa, harta de tantos viajes, había borrado al inventor del borrador.



La maquinaria del amor

Publicado el 19/10/06 en Cuentos

Todo el mundo sabe que el amor es un dispositivo eléctrico fabricado en Taiwán. Una mano mecánica va uniendo alegremente sus piezas, bailando la música electrónica de sus movimientos. Lo que seguramente pocos saben es su correcta forma de uso, porque el manual viene en mandarín.

El primer paso para hacerlo funcionar es conectarlo, que implica necesariamente juntar el enchufe macho con el receptor hembra. Otras variaciones –a saber: macho con macho, hembra con hembra– no encenderán correctamente el dispositivo.

Su ansiedad por hacerlo funcionar podría echar a perder la alegría de verlo encenderse de a poquito. Por eso, consígase una cómoda butaca y siéntese frente a él. Vea como lentamente vanse calentando sus engranajes. Palpe el dispositivo con sus dedos, sienta su evolución. Es mágico.

Habrá notado los prominentes botones del frente. Son sus velocidades. Como la caja de cambios de un automóvil, sentirá el momento justo de usarlos, de hacer avanzar el dispositivo en su movimiento. El motor del amor lo invitará a presionar suavemente el primer botón, luego el segundo y el tercero, su dedo en el amor y el amor en su dedo hasta que usted y él sean una misma carne y una misma piel fundiéndose en uno porque dos son más que uno. Y cuando sepa esto, cuando dos sean uno, olvidará la ansiedad y sabrá que ha llegado adonde siempre deseó, y que no hay nada más que anhelar allá afuera, sólo esto, estar acá vos y yo mi amor, juntos, y amarnos siempre.

Evite desconectar abruptamente el dispositivo. No querrá dejarlo sin energía en pleno funcionamiento, sólo logrará quemarlo. No se acostumbre demasiado a su alegre movimiento hasta darlo por sentado. No pierda la maravilla de asombrarse, de mirarlo fijamente y ser feliz, simplemente ser feliz de tenerlo ahí bien cerca. No olvide cuanto le costó obtenerlo. Los contenedores tienen un largo viaje desde Taiwán; vaya uno a saber cuando llegará otro amor.



Creer

Publicado el 9/10/06 en Prosa Poética

Creer es abrirse paso en el bosque, a machetazos despejar las madreselvas del desatino y la indiferencia. Es caminar sobre el agua del escepticismo, saltar sobre la arenas de la desilusión. Creer es elegir seguir adelante, a pesar de todo, conservando un nido, ese espacio perfectamente vacío donde la realidad pueda enraizar un sueño. No se reduce a imaginar, creer es querer algo con la suficiente determinación como para cristalizarlo en algo real. Hay que sembrar para cosechar.

Creer es de cuerdos y sin embargo tiene mucho de locura: quien cree, escucha en el silencio, ve en la oscuridad. Por eso nos hace trascender, es el ejercicio de lo ilógico, para creer hay que recurrir al espiritu, a la esencia misma del ser.

Por eso creo, para estar vivo. Creo en el Creador, ese que por alguna razón creyó en mi y me creó. Si lo hizo sin pedir nada a cambio, tuvo que haberlo hecho por amor. Y si el amor me creó, también creere en él, y creeré en vos mi amor, que un día leeras esto sabiendo que te creí como nadie… sabiendo que te creí hasta encontrarte.



El peatón es un ser superior

Publicado el 20/09/06 en Microcuentos

Tenía su propia manera de cruzar la calle. La idea era no parar, mantener la inercia del movimiento, cruzar la avenida como caminando por la vereda. Los automovilistas, que se aguanten. “El peatón es un ser superior” decia, en respuesta a las frenadas y bocinazos de los automovidiotas.

Tiempo después habría de comprarse un auto propio. En cada esquina al verlo venir los chicos corrían, los ejecutivos llegaban saltando hasta la vereda, y del apuro, a las abuelas se les desparramaba la baba sobre el pavimento. “Los peatontos tienen que aprender a respetarnos, las calles son de los automovilistas” decía, mordiendose un poquito los labios para no reirse.

Como todo en la vida termina donde había empezado, en su vejez le tocó volver a cruzar avenidas a pie. No pasarian más de dos días para que este peatonto se encuentre en la misma esquina con un automovidiota.



Cantar de Cantares

Publicado el 19/09/06 en Microcuentos

Posado en el balcón, agitaba sus álas y cantaba. Había que reconocer que era una hermosa melodía, y como lo hacía, y que milagro tenerlo en el departamento. Pero después de seis noches durmiendo poco y mal por el sonido, Lucas estaba harto. Probó de todo: espantarlo, ahuyentarlo, sobornarlo; no hubo caso. Por eso, la séptima noche fue la última. Abrió cuidadosamente la ventana y posó el rifle sobre la cama. Se agacho, apuntó entre sus álas y lo disparó. El Ángel murió instantáneamente.



Encuentro

Publicado el 17/09/06 en Microcuentos

Ella era de izquierda, él de derecha. Que la importancia del mercado, que el compromiso social, peleaban acalorádamente en público. Pero en las noches, se besaban a escondidas en callejones socialdemócratas.



Crescendo

Publicado el 4/09/06 en Cuentos

“No hay camino hacia la paz, la paz es el camino” (Gandhi)

Un martes, Laura se sintió tan afligida por la nueva escalada de violencia en Asia Menor y los Balcanes, que convenció a sus veintidos compañeros de lanzarse a una Caminata por la Paz. Ese mismo domingo, caminaron pacíficamente sobre la vereda de la Avenida Mariscal López, tomados de las manos, portando un pasacalles que rezaba por la paz en Asia Menor y los Balcanes. La noticia trascendió de tal manera en la Universidad que, para sorpresa de Laura, el siguiente domingo ya fueron casi doscientos alumnos los que, al ritmo de batucadas y cánticos alegóricos, marcharon sobre la avenida Mariscal Lopez ante la atenta mirada policial, con pancartas que rezaban por la paz en Asia Menor y los Balcanes y la condonación de la deuda externa nacional. Los medios de comunicación hicieron tal eco de la marcha, que el siguiente domingo, Laura y sus compañeros se perdieron entre las más de cinco mil personas que se manifestaron sobre la Avenida Mariscal López, con pancartas que exigían la inmediata condonación de la deuda externa tercermundista, la legalización de matrimonios homosexuales, abogaban por el fin de la globalización, la instauración del anarquismo, el socialismo y el comunismo, y rezaban por la paz mundial, al tiempo que lanzaban piedras, palos y bombas molotov contra la barrera policial.



Sobrino dilecto

Publicado el 3/09/06 en Microcuentos

A la tía Dolores se le derramaban las palabras como de una palangana cuando tenía que hablar de su nuevo sobrino. Atento, correcto, responsable, nambré luego, un ejemplo para esta juventud de hoy que “está todo por su cabeza”, aseguraba. La tía Renata era menos efusiva, pero concordaba. Abuela Fernanda asentía, los tíos, los primos, tía Pocha deliraba, era un coro de parientes satisfechos. Fue un día de luto cuando, accidentalmente, enchufaron mal el sobrino eléctrico y se quemó.



El universo es chambón

Publicado el 1/09/06 en Cuentos

De chico pude notar que, todo bodoque lanzado perpendicularmente hacia el otro lado del arroyo, cuando no acaba manchando las blancas murallas del –posteriormente enfurecido– vecino, termina simplemente perdiendo altura hasta dar aparatosamente contra el pasto. Entrada mi juventud pude apreciar, ya con mayor claridad, como un apasionado amor, romance de lunes a lunes, a la luz de las velas y ñoquis los domingos, puede perfectamente terminar con los ñoquis contra la pared, las velas en la payesera y un vacío existencial tamaño Gran Cañón del Colorado. Ya en plena etapa adulta, no fue dificil relacionar todo esto con el notable ascenso de mi novel empresa de electrodomésticos hasta su posterior quiebre y rápido esparcimiento de los escombros.

Sentado, meditando al borde del arroyo, ya con poco o nada por perder, uní las piezas del rompecabezas y todo resultó perfectamente claro. Tanto Newton como el panzón de Buda tenían razón. Todo lo que sube tiene que bajar. Y viceversa. Todo se equilibra, y lo hace con la misma intensidad. Tal es la seriedad con la que el universo se toma esta ley de mantener el equilibrio, que lo mejor es aprovecharlo. Desde entonces, he odiado intensamente a numerosas mujeres, he saboteado todos mis nuevos emprendimientos empresariales y disparado no pocos bodoques hacia el piso con gran entusiasmo. Para mi pesar, el equilibrio no se dió esta vez. El universo es chambón.



El Tirano

Publicado el 16/08/06 en Microcuentos

Lo había tenido todo. Fundó ciudades, construyó para sí palacios, decoró el país con su rostro. Multitudes alabaron su nombre. Algunos forzados, otros decididamente cómplices, miembros de esa cúpula intocable. Aplastó adversarios, torturó detractores, no tuvo misericordia. Había sido un rey y hasta en su caída salió airoso: el exilio lo supo cuidar.

Sentado en el zaguán, observando el atardecer, vió llegar el final. “Dios se apiade de mí”, dijo para sí el Tirano, sabiéndolo tan putamente difícil.



El gato montés

Publicado el 6/08/06 en Microcuentos

Había una vez un gato montés que tenía la cola al revés. Odiaba su refrán, renegaba su fama, lo enervaba que contaran su historia una y otra vez. Su amargura era tal, que resolvió un plan macabro: liquidar a todos quienes hayan acabado de leer su historia. Y esa es la historia del gato montés.



Descubrimiento

Publicado el 2/08/06 en Microcuentos

Luego de incontables meses de introspección, de observar mi mundo interior, estudiar los hábitos mentales y las características de mi personalidad; luego de desenterrar el pasado, perdonar a mis ancestros y reencontrarme con mi niño interior; luego de infatigables horas para descifrar mi destino, saber quien soy y que hago en este mundo, ayer llegué a un descubrimiento revelador. Soy un sacapuntas.

Sí, eso mismo. Pude haber tenido la vida de una elegante lapicera, ser un divertido marcador de colores o deshacer los errores como un borrador. Pero nada, che. De todos los elementos de la cartuchera, soy apenas un sacapuntas. Se imaginaran mi desazón.



Se aburrió

Publicado el 29/07/06 en Microcuentos

Los escritores dejaron de inspirar, las mujeres dejaron de amar. Se olvidaron los premios y las menciones de honor, todo el esfuerzo de las enciclopedias. Se paralizaron las carreteras, los aeropuertos. Se apagaron las luces de la ciudad; se desvanecieron las estrellas, el sistema solar. Todo ese asunto del universo se había vuelto aburrido. Lo decidió apagar.



El Nuevo

Publicado el 29/07/06 en Microcuentos

Era amable, atento, respetuoso. Se habia ganado rápidamente el cariño de la comunidad. “Es cada vez más fácil”, dijó para sí, mientras desenfundaba el arma.



Saco Marrón

Publicado el 29/07/06 en Microcuentos

Era un saco marrón. Tenia otras ropas, otros sacos, pero vestia siempre el mismo, nadie lo habia visto de otra forma. Una noche descubrieron al saco caminando sólo y comprendieron: no era él quien usaba al saco. El saco lo usaba a él.



A veces sólo sucede

Publicado el 4/07/06 en Cuentos

Tenia un ojo de vidrio. Lo limpiaba con paciencia, deslizándolo suavemente entre sus manos. Sentía su delicadeza, su fina porcelana. Sentado sobre la cama, acomodado en su casa de campo, aprovechaba su descanso semanal. La vida era buena, casi perfecta. Giraba el ojo para limpiarlo en su concavidad, lo hacia brillar.

En su iluminada superficie podía verse reflejado. Era un rostro de piel morena, de labios carnosos. Su nariz le hacia justicia, inspiraba armonía. Sus orejas, simétricamente alineadas, salidas apenas. Y ojo, sólo uno, el izquierdo. En el lado derecho, la ausencia.

En el lado derecho de su rostro había eso, ausencia, un espacio nerviosamente vacío que no se dejaba completar. Morbosamente acercaba sus manos y con un dedo sobrepasaba esa línea ya imaginaria entre su rostro y sus adentros. Donde alguna vez hubo una puerta al alma, quedaba sólo esa muralla de carne ensimismada, poblada de aire.

Tocaba los pliegues de su carne, los acariciaba delicadamente. Recorría sus hendiduras, las rozaba, presionaba sus carnes hacia adentro. Quería sentirse compenetrado con sus heridas, quería tocar el pasado con sus manos. Se supo en el epicentro de su historia.

La historia, como se la contaron, era simple. Volvían de un día de campo, tenia quince meses. Nadie estuvo atento cuando Cristian se arrastró hasta el arma. La bala volvió de arriba con menos fuerza, la justa para perforarle el ojo derecho, pero perdonar sus adentros.

Era tarde, oscurecía. La prótesis volvió a su lugar, pero Cristian seguía ahí, recostado en la cama, abatido en la cama. Pensaba en ese día. Pensaba en el arma, en que podía haber estado vacía. El arma podía haber estado en otra habitación, fuera de su alcance. Se le hacia un nudo en la garganta al pensarlo. Alguien podía haberlo cuidado, una sola persona hubiera bastado. Daba vueltas, se acongojaba en la cama. La bala podía seguir su camino, sin volver. Apretaba los dientes, se acurrucaba. ¿Por qué entonces, por qué a él? Le caían lágrimas, como de cántaros, a un sólo lado.

Se había quedado dormido. Esa noche hubo una tormenta. Una precaria casa, no lejos, se desmoronó. La habitaba, entre otros, un tal Cristian. Tenia quince meses.



El Ciclo de la Vida

Publicado el 26/06/06 en Prosa Poética

RoberDam.com

Siempre que compro zapatos nuevos, pasa lo mismo. Molestan, aprietan, lastiman. Pero a medida que los voy usando, se van abriendo, se pone mas fácil usarlos.

Así funciona el zapato por meses, es el zapato perfecto. Parece que no lo voy a cambiar nunca, nadie puede contra él, somos el zapato y yo.

Y sin embargo. Sin embargo el tiempo pasa y los zapatos empiezan a desgastarse, el betún ya no alcanza para salvarlo, la suela se va abriendo, se va deshaciendo por dentro y fuera. Hay que comprar zapatos nuevos.

Siempre que compro zapatos nuevos, pasa lo mismo. Molestan, aprietan, lastiman…



Falta algo

Publicado el 21/05/06 en Prosa Poética

Doraemon (www.roberdam.com)
Falta algo grande, inmenso. Hay un espacio vacío en cada conversación, en cada actividad, siempre y todos los días; como si faltara el azúcar en la bebida, una rueda en el auto, la cereza en la torta.

Le falta el mango a la sartén, eso es. Entonces tenemos una comida perfectamente preparada, pero la terrible imposibilidad de disfrutarla. ¿Cómo pasar la comida (perfectamente preparada) desde la sartén hasta nuestros adentros? No se puede.

Pero apenas solucionamos esto, el tráfico, las calles de siempre, cualquier hoja de árbol, adquieren la notable capacidad de transformarse en vicarios de la belleza de la vida. De repente las cosas se hacen más importantes, hay planes. La cosa encaja como tuerca en maquinaria y rebobinamos para encontrarnos con la sorpresa de que la bebida ya tiene azucar, el auto recobró la rueda y la torta está empapada en cereza. El mundo se hace intrascendentemente perfecto en el momento justo en que vos aparecés.



Puede ocurrir

Publicado el 17/05/06 en Poesias

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Puede que hoy amanezca el cielo
teñido de gris y un viento fresco
se cuele entre las persianas
de edificios olvidados

Puede de repente llegar
una oleada de aire puro
que te asalte con sorpresa
hasta secar tus lagrimas

Puede ser, puede ocurrir
que hoy vuelvas a sentir
claro que si, puede darse
que el invierno te devuelva
la alegria de vivir



A veces hay que morir un poco

Publicado el 17/05/06 en Prosa Poética

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Como el otoño, como una poda, a veces hay que morir un poco para volver a vivir. Para despertarse del letargo de la insignificancia rutinaria, para romper con todo lo que no funciona y encontrar, al fin encontrar, la tuerca que faltaba.

A veces hay que estar equivocado, fallar, una vez tras otra, hay que sentirse un fracasado, recibir insultos y ser burlado, hay que. Nuestra imagen tiene que quebrarse.

Sólo así, sólo entonces, se crea un espacio para algo nuevo. Hay que perderse para encontrarse.



Alíviame

Publicado el 26/03/06 en Poesias

Alíviame María
esta noche de nostalgia
con un vaso de vino
Acércate, baila conmigo
pon un disco errante
de Jazz malherido

Alíviame María
esta sonrisa marrana
de jugador empedernido
Apuesto tu cintura
que en la mañana
ella no habrá venido

No esperes más
cuídame como sabes
bésame sin respiro
Convence a mis sentidos
que también se gana
con el olvido



Intimar

Publicado el 21/03/06 en Poesias

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Intimar
nos esclaviza al dictador
que se esconde en el rostro
de quien se abre a escuchar

Dependencia de cristal
siempre al borde
de la mesa sentimental

As bajo la manga
si la confianza se reduce
al juego de acusar

Pero ahora
me voy a arriesgar
Apuesto mis fichas
en tu tablero de amistad



Y entonces voy a volver

Publicado el 21/03/06 en Poesias

Y entonces voy a volver
como marinero de altamar
al puerto impenetrable de tu soledad
como conquistador mongol
cruzando la muralla de tu complejidad
como galán de telenovela
actuando el melodrama de tu sinceridad
como estoico de la antiguedad
soportando el castigo de tu codiciabilidad
como poeta siglo de oro
escribiendo en pergamino tu espectacularidad

Y entonces voy a volver
como fruta madura en temporada
que ahora sabrás apreciar



Reflujo

Publicado el 19/03/06 en Poesias

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Y después de desnudarse
de revolcarse juntos en la intimidad
para verse el alma y la piel

Toman sus ropas, se visten
para alejarse, para retroceder
para odiarse y nunca más ser



La otra historia

Publicado el 14/02/06 en Poesias

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No lea el pie de página
no se me vaya a rayar
Le estamos escribiendo
una historia oficial

Con buena letra la esbozamos
Cuidado, no la vaya a ensuciar
Están listos los actores
dirán lo que quiere escuchar

Vaya usted tranquilo
nadie se va a enterar
Ya estamos preparando
una versión que le va a gustar

Son historias de etiqueta
no hay amor a la verdad
Todo queda entre líneas
la esencia se pierde en el mar



Quietud en la tormenta

Publicado el 15/12/05 en Poesias

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Mirá afuera como llueve
el cielo gris iluminado
empuja el viento como nunca
acá adentro es aplacado

Mirá afuera como llueve
llueve de lado a lado
me agita el cuerpo ensimismado
yo estoy en otro lado

Mirá afuera como llueve
moja de arriba y de costado
nadie sabe que todo
ya está determinado

Por eso voy sin prisa
piso el charco, me mojo entero
está quieto el deseo
es la paz del otro lado



Ya vas a ver

Publicado el 15/12/05 en Poesias

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Ya vas a ver
que un dia coincidimos
al mismo tiempo visitando
el mundo de los sueños

No te dijeron
que el cinismo es el veneno
de quienes perdieron la fe
en el corazón sincero

No te dijeron
que todas las heridas
son polvo en el suelo
del camino de lo eterno

Ya vas a ver
que cuando menos esperes
nos encontramos en la senda
del amor verdadero



Al descubierto (Peladitos del mundo, ¡Unios!)

Publicado el 4/07/05 en Cuentos

Llevo casi 20 años trabajando en puestos no tan encumbrados de la fiscalia, pese a lo cual no he perdido el sentido del humor, ni algunas manías infantiles, como la de hoy por ejemplo, que consiste en colecionar calvos. Es decir que si me cruzo con un colega o un juez, o me acuerdo de algún acusado que ofrezca un espacio vacío en su cabellera, lo anoto en mi lista.

En cada perfil que ocupa mi registro mental, evito los datos intrascendentes para concentrarme casi exclusivamente en la clasificación del peladito. Así, el caso más común de los que se agregan a la lista es el que empieza con tímidas aperturas laterales, que otros seguramente insistirán en llamar “cochera”, y que sus poseedores negarán aceptar como parte de su iniciación. Lo esconden con nuevos peinados, lentes de sol sobre la cabeza, y autos deportivos tan descapotables como sus cabelleras, pero su ingreso a la lista es tan inevitable como el sueldo atrasado. Esta viene generalmente acompañada por la otra popular, pero no por eso menos original manera de iniciación, que es la que llamo remolino porque empieza justo ahí, en el corazón de sus cabezotas, para ir extendiéndose en círculos hacia afuera. A veces de una forma o de las dos, y como en Pacman, va comiendo lo que se le cruza por el camino, se abre paso raudamente como un juego de dominó en caida. Cuando finalmente acaba, por fuerza propia o con la colaboración del peluquero amigo, queda una resplandeciente cabeza como la del recién nacido.

Haciendo algo de tiempo entre un café y otro, y observando con más detenimiento a mi alrededor, hay que decir que, tras un venturoso comienzo, muchas peladas acaban por defraudar y se quedan a medio construir –o sea, destruir– admitiendo la companía de vestigios cabellisticos en la periferia. La mayoria agradece este generoso gesto con una actitud de peor-es-nada y lo conserva tal cual, pero así también hay quienes, renegando ese aerodinámico honor de quedarse calvos, aprovechan estos restos para alargarlos hasta cubrirse parte de la pelada, montando un espectaculo de ilusionismo que no convence ni al mas despistado.

Este observador despistado, casual y desinteresado, no ha de confundirse con el otro, el indeseado. A este, que pretende ganar unas risas tomandole –paradójicamente– el pelo al calvo, queda claro que no le resta la mas mínima misericordia divina. Cuenta el relato bíblico que en su subida al monte, el profeta Eliseo fue víctima de unos muchachos que acompañaban su caminata desde no muy lejos, con los aforados gritos de: “¡Sube Calvo, sube!”. Apenas acabaron de reir, la ira divina se cristalizó en unos osos que se los comieron, sin dejar de ellos nada más que (uno adivina): sus cabellos.

Como la historia parece no enseñar nada a las nuevas generaciones, apenas voy dejando la oficina siento unas risas de los ordenanzas mas jóvenes, y aunque dificilmente se les coman unos osos en las escaleras del poder judicial, a nadie deberia sorprender si el lunes, accidentalmente se les cae encima una maquina de escribir desde mi oficina por ejemplo. Y es que, ni mi nuevo peinado, ni los lentes de sol de sol sobre la cabeza pueden ocultar el remolino, la cochera, el PacMan que hace absolutamente inevitable mi entrada a mi propia lista maniática.

Calvos, tonsados, peladitos del mundo, ¡unios! Festejemos el honor de nuestras cabezotas descubiertas, juntos como hermanos con la frente en alto, orgullosos de nuestra maravillosa distinción… y es que, de todas formas, no nos queda otra.



Vuelta a la esquina

Publicado el 15/06/05 en Cuentos

En el afán de agotar el estrés, de alejarse de toda actividad productiva y acaso lógica, el finado tío Eduardo solía ofrecer un método alternativo de aprovisionamiento hogareño.

Para evitar la vulgar tentación de ir hasta la despensa de la esquina caminando por la vereda, digna de hombres rutinarios y poco creativos, el tío sugeria empezar el recorrido desde el techo de casa. Ya asentado entre las tejas y luego de una breve contemplación del paisaje estelar (en el techo se estaba más cerca de la luna, decía) dejaba nuestro ahora roto tejado para estirarse hasta el balcón del vecino. Adueñandose de su telescopio, apuntaba a la despensa para asegurarse que estuviera abierta, no fuera a perder su valioso tiempo claro. Sin más, caminaba sobre el borde del balcón hasta la serie de árboles que lo llevaban hasta la siguiente casa, de murallas blancas salvo donde el tío dejaba sus pies estampados.

No vale la pena extenderse ya en cómo el tío se tambaleaba entre las canaletas de la siguiente casa, ni en el susto que se daba la vecina al verlo pasar entre su quinto y sexto sueño; sólo diré que no eran pocas las veces en que, para cuando finalmente llegaba a la despensa, ya habia olvidado lo que iba a comprar.



Parábola de la hoja

Publicado el 13/06/05 en Cuentos

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No sé, pero cuando veo el viento así de agitado, le apuesto a la lluvia. Los bichos se esconden, las nubes tan rápidas, las plantas bailando de un lado a otro, un simulacro de fin del mundo en el patio. Y todas esas hojas. Verdes y marrones, nuevas y viejas, zas, se desprenden de las plantas, todas felices dando giros en el aire.

Ahora aparece una hoja, desprendida del arbol de mango. Hay que decirlo: es grande, verde, sólida, una belleza. La hoja, joven orgullosa, se extiende majestuosa en el aire, se abre paso con el viento, se hace imparable con el viento que la empuja hacia el cielo. A toda velocidad es un planeador, un avión, una máquina hecha para volar libre en cielo.

Desde arriba lo vé todo, lo entiende todo, abarca el patio completo y todo un universo en su vuelo soberbio, ¿quién contra ella? Nada puede detenerla, nadie puede tumbarla, ni las plantas ni la lluvia ni el mar ni el viento. Ni el viento, que ahora parece disminuir, que la empieza a mover, a agitar, que la hace girar sobre su cabeza, que la castiga hacia abajo y la lleva como un ancla hasta el piso, donde intenta recuperarse, donde alcanza a recuperarse con un giro magistral formando una parábola, pero no le alcanza y ahora esta rozando el pasto, que la tortura la deshace la humilla y finalmente estrella su soberbia contra la muralla del vecino.

Que macana che. Y bueno, ahí viene otra hoja…